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Viajar en utopías

POR ARIEL MONTENEGRO VALHUERDI

 Decía Eduardo Galeano que la utopía sirve para caminar: ¡Caramba, retórica manera tiene el uruguayo para llamar al transporte de la capital cubana! Tanto privados como públicos, yo había escuchado llamar a los vehículos de muchas maneras (guaguas, camellos, bicitaxis, almendrones, aspirinas), pero nunca utopías.

Increíbles historias de matices épicos, humorísticos y trágicos hemos experimentado todos alguna vez en busca de algo que nos lleve a un lugar en un tiempo determinado que nuestra condición humana nos impide.

 

El pan nuestro de cada día

 

Tengo un amigo que me contaba cómo es posible demorarse más de su adorado Aldabó al Vedado que de La Habana a Varadero y cómo también lo es respirar más gases nocivos en un Metrobús que en una fuga de propano de las tan añoradas balitas. Mi amigo (excelente periodista, conocedor de la buena música, "pelú" y amante de la carne de res)  vive solo, por lo que tiene un sentido agudísimo del tiempo, y me dice que cerca de la tercera parte del espacio del reino de Cronos que a él le corresponde, la pasa viajando, mejor dicho, en función de viajar, ya que el trayecto le lleva sólo de quince a veinte minutos.

Yo he sido testigo de lo anterior y también tengo una habilidad especial con el tiempo, pero mi caso es diferente: yo puedo contarlo según la cantidad de camellos que hayan pasado, habilidad que obtuve a principios de septiembre pasado acompañando a una amiga a la parada del M-6. Salíamos de la facultad a las 6:00 PM, nos sentábamos en el lugar donde se espera al dicho Metrobús y ella nunca tomaba el primero porque siempre conversábamos un rato. Cuando llegaba el segundo yo le decía "Mejor te vas, que ya deben ser las siete y media". En efecto, el margen de error oscilaba entre los cinco y diez minutos.

Todo esto sucede en los ómnibus, donde para ser navegante (o conductor, que es lo mismo) tienes, como requisito indispensable, que ser retirado del equipo nacional de boxeo o judo, o al menos, haber nacido en Pogolotti y pasar una prueba de capacidad real demostrada. Sin embargo existe un sector más desconcertante aún: Los taxis.

Los taxis son lo más cercano a la comparación con una utopía ¿Quién no ha soñado con montarse alguna vez en uno de esos Peugeots amarillos que dicen en la puerta con grandes letras negras 55-55-55? Los Panataxis son la manera más segura de andar a pie. Si analizamos esta palabra nos daremos cuenta fácilmente de que surgen contradicciones, comencemos de detrás hacia delante: el sustantivo "taxi" viene del inglés "tax" que significa impuesto, aunque esto no interesa; la partícula "a" se entiende por sí sola; y el prefijo "Pan" quiere decir "todos", o sea "Panataxi" expresa subliminalmente el mensaje "Taxi a todos"... Sobran los comentarios.

Estos son los taxis que todos sueñan, ahora, los taxi de la realidad son otra cosa. Me imagino que para filmar El Benny (genial músico cubano que murió en la década del 60) no hayan tenido mucho trabajo, ya que la mayoría de los autos de La Habana son de la época; hablo de los archiconocidos almendrones, verdaderos museos rodantes (el  otro día me encontré debajo del "asiento" un bono del 26 de julio de los que repartía la clandestinidad antes del 59), de los cuáles en muchos, sólo trabajan los elementos indispensables para la función motriz  y estamos obligados a sentarnos en un surtidor de muelles, sin embargo, en dos viajes, perdiste todo el estipendio del mes, el que te pagan por estudiar, aunque claro, dicha suma no es representativa.

 

¿Tierra, aire o agua?

 

Se hablaba del transporte urbano, pero basta ya de bagatelas, tratemos un tema ignominioso para el bolsillo y vejatorio para la paz interior: ASTRO, la empresa cubana encargada de los viajes interprovinciales. Antes los vehículos eran viejos y de mala calidad, pero los precios razonables; mas la expresión "tienes un chino atrás" para hablar de la mala suerte, con ASTRO funciona de maravilla, porque desde que llegaron las nuevas guaguas de aquel lejano, exótico y hermano país (¡y que lo digan!) Cuba debe ser el único país del mundo en el que viajar por carretera es más caro que en avión. Muchos me dicen que esto es una falta de respeto, pero yO creo que es una inteligente estrategia para rescatar la transportación aérea que tan decadente estaba.

Y un tema poco tocado: Los viajes por barco a la Isla de la Juventud. Dargis, muchacha cordial que cuenta con toda mi estima, tuvo que hacer algunos exámenes navideños antes de tiempo porque ya tenía pasaje sacado y si no tomaba la fabulosa embarcación iban a agarrarle las festividades por el Día de la Rebeldía Nacional (25, 26 y 27 de julio) en La Habana. Casos como este me hacen unirme al conocido profesor Mentepollo cuando asevera que para no tener problemas con en transporte hay que ser músico; esto es fácilmente corroborable si se ve el video clip de la canción Maracujá del, en mi criterio, excelente pianista Aldo López Gavilán en el que este toca tranquilamente su piano mientras viaja por cierto río en una especie de vehículo marítimo con su respectivo instrumento.

En fin y para no alargar más la cosa, siempre que pueda voy a pie y, aunque aún no puedo volar, ni nadar grandes distancias siempre tendré mi utopía (la que sirve para caminar).

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1 comentario

Iraida -

Sergio, cuánta emoción siento por mis alumnos. Creo que la pequeña semilla que siembro en ellos fructifica.
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